¿Cuántas características indispensables del líder aun nos faltan o hemos descuidado? ¿Estaremos fallando en la oración, la preparación, la discreción, la puntualidad, la prudencia?

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Al valorar lo que somos y las cualidades que nos califican como líderes, debemos hacerlo como cuando miramos nuestro rostro en un espejo, que muestra realmente cómo somos, al menos, nuestro contorno físico es reflejado tal cual está.

¿Con qué frecuencia nos miramos al espejo y no logramos visualizarnos realmente como somos, o cuán a menudo no reconocemos cuántas características indispensables del líder aun nos faltan o hemos descuidados?

Consideremos cuánto hay de líder en nosotros. Reflexionemos con algunas cualidades que debería poseer un líder:

El líder discreto considera todas las cosas, pero retiene y practica las que edifican. Discierne; es sensato para formar juicio y tiene tacto para hablar u obrar, es oportuno.

El líder que no juzga, mantiene una ecuanimidad brillante, no atribuye pesos y faltas a la ligera.

El líder preparado para toda buena obra, pero también preparado para todo tipo de ocasión, es el más práctico y más directo a la hora de ser efectivo en cualquier situación.

El líder dinámico tiene éxito, aporta ideas, posibles cambios, sugerencias que brindan calidad a su grupo. Es pronto para todo, es hábil y certero a la hora de dar una enseñanza.

El líder puntual denota ser responsable en todo. Cuando incurre en impuntualidad, cae en otras faltas como: falta de preparación, no está a tono con el equipo, etc.

El líder que ora mantiene una comunicación perfecta y transparente con el único Dios verdadero, Jehová de los Ejércitos. Indica además, su dependencia total y absoluta de Él. Se nutre de Él.

El líder concreto, con pocas palabras dice mucho; aun con la brevedad de su comentario, no da lugar a la duda, ni deja ideas inconclusas, es entendido correctamente.

El líder que no impone nada de lo que enseña, está seguro en la fidelidad de su enseñanza, pero considera y da lugar a la decisión de los demás en aceptarla o no. Con frecuencia utiliza frases como “debemos ser” o “sería mejor si”, en su vocabulario no existen otras como “tienen que ser”.

El líder sabio y prudente enriquece lo que es y lo que enseña, la sabiduría y la prudencia vienen de Dios.

El líder visitador está a tono de lo que ocurre y cuáles son las dificultades o necesidades del resto del equipo o de los discípulos.

El líder que sostiene a los seguidores, sabe cuán lejos o cerca pueden llegar ellos. Sus principales ayudas son oración, ayuno, opiniones, sugerencias y ayudas en cuestiones materiales a sus seguidores.

El líder consejero, previene del peligro a los que van por un rumbo equivocado e invita a una salida a los que yacen en el.

El líder paciente no se desespera, considera que el tiempo influye en la calidad para el éxito.

Es hora de analizar y reflexionar sobre nuestra actitud como líderes. ¿Estaremos fallando en la oración, la preparación, la discreción, la puntualidad, la prudencia, así como en otras tantas cualidades?

Cuidemos nuestro ministerio, cuidemos nuestro liderazgo. “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio…” I Timoteo 1:12.

Por Celeiro Triana Y.

Presidente de Familia Feliz Joven a nivel Internacional.