La elección del matrimonio es una decisión personal que no debe estar condicionada por intereses egoístas. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogaran los ríos…

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El punto de partida de las relaciones matrimoniales es el resultado de una profunda atracción, donde se consideren importantes factores internos y externos.

La atracción física encierra todo aquello que se refleja y se percibe a través del contacto visual; es lo primero que se descubre. Lo que más tiempo lleva en conocer, es lo relacionado con el factor interno.

En este último, se evidencian los sentimientos y deseos más profundos. De aquí surge la frase que golpea fuerte a los que pierden los estribos en asuntos del corazón: “Amor a primera vista”.

Por eso, la etapa prematrimonial es esencial para la creación del fundamento sólido del futuro matrimonio, donde se involucran sentimientos de interés mutuo. Estos a su vez, son garantía de un proceso progresivo, camino a una relación responsable y madura.

Tener una buena solidez sobre lo que se quiere construir, el matrimonio, requiere de una preparación previa. Se necesita actuar con la madurez que realmente lo demanda; por eso, vale la pena alistarse  antes del matrimonio.

La elección del matrimonio es una decisión personal que no debe estar condicionada por intereses egoístas o ambiciosos. Y es bueno, buscar el consejo de personas, que por sus experiencias, preparen y/o advierten sobre lo que podría beneficiar o perjudicar dicha relación.

Algo muy importante es que, la visión de los aprendices al matrimonio, debe estar enfocada hacia el éxito del matrimonial. En la medida que se avanza, se escala un peldaño más hasta llegar a la cima; aunque siempre vamos a estar aprendiendo en el matrimonio.

Una vez iniciada la relación matrimonial, con el transcurso del tiempo es común escuchar en algunas parejas: “no era lo que yo pensaba o creía de ti”, “no esperaba eso de ti”. Realmente en el noviazgo no se puede conocer a totalidad a las personas, ni tampoco ese proceso termina radicalmente con el matrimonio. Cada momento será una oportunidad para conocer y descubrir más sobre el cónyuge en la relación.

La realidad es que en la dinámica de la vida no siempre recibimos lo que deseamos o esperamos,pues ningún ser humano es perfecto; pero todo lo que ocurre forma parte de un proceso. Para lograr un buen acabado es necesario ser pacientes, adquirir conocimiento, permanecer firmes en los principios bíblicos y en todo momento ser parte de la bendición que trae la unión matrimonial.

Cuando la relación se construye sobre razones bien claras y definidas, el amor se consolida, y sucede como lo dicho por Salomón, en Cantar de los Cantares 8:7:

Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogaran los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían.

Las brasas como de fuego a las que hace alusión el autor se sienten muy flamantes en la etapa inicial al matrimonio, mayormente conocida como luna de miel, experiencia inolvidable para los recién casados, que debiera repercutir para toda la vida matrimonial.

El disfrute pleno de una relación matrimonial saludable sobre una estructura bien sólida, permite construir un hogar, una familia feliz.